Buscando al cisne

Una chica entra en un foro de Internet y deja un mensaje público: “Hola a todas. Tengo 14 años, peso 82 kilos. Quiero que me ayudéis a ser anoréxica”. 




2 de febrero, 2014
Si entras en esa enciclopedia inabarcable que es la web en busca de información sobre los trastornos alimenticios (por cualquier motivo: razones médicas, estudiantiles, simple y respetable curiosidad...) te darás de bruces con un fenómeno perturbador. Existe toda una comunidad de blogs creados por chicas con este "trastorno" (llamémoslo así) con un objetivo supremo: defender que la anorexia y la bulimia no son trastornos ni enfermedades, sino auténticas formas de vida. Hay por toda la red, según la asociación IQUA, alrededor de 50.000 de estas páginas de militancia polémica. 
Puedes fácilmente entrar, como mirón en casa ajena, en cualquiera de estos sitios web, que sus creadores denominan “pro-ana” (anorexia) y “pro-mía” (bulimia). El mundo con el que te topas de primeras no resulta demasiado inquietante: una colorida y adolescente ensalada de estética y glamour. Imágenes de modelos,selfies fotogénicos, fotos playeras, antes y despueses, la Moss y la Knightley, delicadísima lencería envolviendo cuerpos bonitos y juveniles. El atractivo exhibicionista reluce en un océano de cinturas estrechas y piernas esbeltísimas. Es un ideal de belleza hecho de sílfides y pasarelas: al fin y al cabo, el mismo ideal, aleatorio, que todos compartimos, que nos han impuesto… sólo que llevado al extremo. 

Las páginas “pro-ana” y “pro-mía”, que promueven los trastornos alimenticios, aumentaron desde 2006 un 470% según asociaciones como ACAB

Una vez apabullado con tanta exaltación de la belleza –femenina, mayormente-, decides consultar algunos consejos sobre cómo adquirirla. Descartas todos aquéllos que aconsejan adelgazar de forma sana y recopilas un auténtico vademécum estilizador: 

 bebe mucha agua para sentirte llena y eliminar las toxinas;
 ayuna durante 28 días para que el músculo pierda cuerpo;
 lávate los dientes con bicarbonato después de vomitar;
 no salgas a la calle con dinero porque te tentará para comprar comida;
 si te entran ganas de comer, desnúdate delante de un espejo y busca las siete diferencias entre tu cuerpo y el de Kate Moss;
 cuando cumplas una meta prémiate, pero nunca te premies con comida;
 pon fotografías de mujeres delgadas en la nevera para que puedas verlas cada vez que quieras comer;
 cuando comas con más gente, escupe la comida en una taza opaca cuando simules beber;
 usa ropa ancha y maquíllate para que no noten tus ojeras y tu palidez;
 cómprate ropa pequeña: así te sentirás mal y desearás adelgazar para poder ponértela;
 disfruta de la sensación del hambre porque significa que estás adelgazando;
 cuando tengas ansiedad, piensa en la gente que se ha reído de ti por ser gorda...


Además de todo esto, trucos para falsear los análisis de sangre, vomitar, provocarse diarreas, engañar a la familia y soportar el dolor. 

Quiero saber de qué hablan entre ellas. Es fácil hacerlo anónimamente: Internet se lo pone siempre fácil al periodista mirón. Entro en el chat. 
Es un portal cualquiera de un foro pro-ana y pro-mía. Tiene el fondo rosa, recargado de estrellas, y el puntero va dejando un halo de corazones multicolores.Decido crearme un personaje. Soy madrileña, me llamo Nida… y tengo quince años. Vengo del paraíso fangoso de las inseguridades llamado adolescencia. He caído en este ágora internetera buscando una solución, desesperada, exprés, a estos quilos de más. Cuando introduzco a mi personaje imaginado en la sociedad sin rostros que es el chat descubro, satisfecha, que mi imaginación es certera.   
Todas son así, como lo es esa “yo” ficticia. Niñas de instituto con la autoestima hecha trizas. Están entre los trece y los veinte, jóvenes que habrían pasado años dedicándole un número excesivo de horas al espejo. Tendrían, quizá, hermanos que las llamarían vaca, novios que las han humillado. <<Siempre he sido la gorda de clase, y me lo siguen diciendo>>, cuenta una chica que pesa 50 kilos y mide un metro sesenta.Asocian aquellas bellezas cinematográficas con su futuro éxito (tan difuso como lo son los éxitos en la adolescencia). Quieren adelgazar por verse “fea y gorda”, “porque tengo 13 años y peso 66 kilos”, “para vengarme de aquellos que me insultaron”… y un largo etcétera. 
Siempre hay, infiltrados entre ellas, aleccionadores que, sin escucharlas realmente, intentan convencerlas para que vayan a dietistas. Ellas suelen ignorarlos, pedirles que abandonen el chat… asegurarles –y es una seguridad real- que nada de lo que les digan puede hacerles cambiar su punto de vista. 
Me pregunto: ¿cómo se mete alguien, de primeras, en todo esto? 

Entra al chat una usuaria nueva. Cuenta –como todas- parte de su vida y preocupaciones. Quiere que la ayuden a ser anoréxica para bajar los quilos que tanto la atormentan. Se ha llegado a plantear la bulimia. 
-A veces digo que tengo que empezar a vomitar, pero me da miedo –dice. Le desespera, añade, bajar de peso tan lentamente. 
La orientan. Que no deje de comer del todo, que coma cosas ligeras y mucho agua… Le recomiendan tal y cual web donde se incluyen consejos como los que he anexado antes. Le cuentan todo tipo de experiencias propias.La línea general de estos chats es "expulsar" a las chicas nuevas que vienen en busca de tips para adelgazar con la finalidad de no meter en este mundo tan perjudicial a chicas nuevas, pero a ésta en concreto la aceptan e instruyen.
Por más que exista ese "filtro ético" que ellas mismas, a sabiendas de las posibles denuncias de usuarios anónimos, se imponen, es fácil entrar de pronto en este ambiente y empezar: está al alcance de todos. No importa la edad. Otras chicas me cuentan sus trucos: abolir la cena y el desayuno, tomar mucho agua, incluso ver programas “que muestren cosas asquerosas”, como asesinatos y autopsias, que te “quitan las ganas de comer”. ¡Cualquier idea es buena; cualquier pasión espolea la imaginación! Y hablan como expertas. Conocen la terminología médica, han pasado tantas horas estudiándose los artículos sobre nutricionismo que poseen un conocimiento que yo sólo alcanzaría enrolándome en un máster sobre el asunto. Usan en las conversaciones, de manera natural, todo tipo de tecnicismos como IMC (Índice de Masa Corporal), lípidos, calorías negativas, triglicérido, índice cintura-cadera, depósitos grasos, tejido adiposo, valor energético.... Dominan las tablas calóricas de su odiamado mundo alimenticio mejor que un experto dietista. Y, por encima de todo, conocen sus cuerpos y lo que éstos pueden soportar mucho mejor que una persona cualquiera. 
Alguien copiapega el enlace de una página dethinspiration donde sólo veo, en un puñado de fotografías anónimas de supuesta belleza, barrigas cóncavas, clavículas, costillares, contorsionistas semidesnudas que no suman un gramo de grasa. Pregunto a las chicas “ana” y “mía” si realmente se querrían ver así. 
-Sí, sería lindo verme así –contesta una; y luego añade, dramática y franca, una frase inquietante:- Es lindo sentirse desvalido. 

Los enemigos son los médicos y los adultos, que “no entienden” sus metas. Pocas se cuestionan la sociedad
Esta forma de vida, como es lógico, choca con las relaciones sociales. Muchas comentan que no les apetece ya “salir mucho”. <<Lo peor es salir con amigos, y ver como comen gominolas, azúcares, pastas… y tú decir que no>>. La familia se lo “pone difícil”, cuentan: están todos pendientes de ellas. Siempre hay un sentimiento de querer esconderse… de culpabilidad: 
-Lo peor es que tu madre te cocine algo rico y no comerlo. Muero de la tristeza al ver su cara -cuenta una.
Otra de las chicas entra con una consulta urgente:necesita averiguar cómo hacer que la báscula muestre más kilos para engañar a la nutricionista
-Ponte en los bolsillos algo –sugiere una. 
Otra se ríe: 
-Ella es nutricionista para anorexia y bulimia, ¡se las sabe todas! 
-Yo ya he engañado a la nutricionista antes –dice otra-. Toma mucho agua antes de ir y no vayas al baño a "evacuar". Puedes poner unas cuantas monedas en los bolsillos. 
-Mejor sigue las reglas por un tiempecito. Después regresa a tu forma actual. 
La chica que ha hecho la consulta se muestra indignada: 
-Es que la maldita nutricionista no sabe cuánto esfuerzo tuve que hacer para bajar todo esto, para llegar a donde llegué… -protesta-. Tuve que soportar hipoglucemia, punzadas en el corazón… ¡para que esa idiota llegue ahora y quiera engordarme!
Dudo que la nutricionista aprobara otro tipo de “pasatiempo” que, siempre vía Internet, prolifera entre estas “buscadoras de la perfección”: las dietas grupales y las carreras. Esta actividad la convocan las propias moderadoras de blogs en sus espacios personales, y se une tanta gente como quiere. Consiste en, estableciendo una fecha límite, sumar todos los puntos posibles acumulados por medio de completar “metas”. Básicamente, gana el que pierde más peso en menos tiempo. Durante una carrera de cinco días, por ejemplo, habría que seguir estas directrices: Día 1, perder 200 kcal. Día 2, 400. Día 3, 600. Día 4, 800. Día 5, ayuno. Cada meta lograda suma de 50 a 100 puntos; pueden conseguirse puntos extra, como haciendo media hora de ejercicio (25 puntos) o bebiendo agua (por cada litro, 25 puntos). Ayunar da más puntos; si se come de más, son 50 puntos menos; entonces, deberé hacer media hora de cardio… Todo calculado y llevado a la práctica como parte de una doctrina dogmática. Me pregunto cuántos puntos ha conseguido la ganadora... ¿cincuenta, cien...? No: 600. Seiscientos puntos... y un buen puñado de quilos menos, debo imaginar. 

Cabe preguntarse de dónde viene todo esto. ¿Es una forma feliz y autodeterminada de ser, como ellas quieren hacer creer… es realmente un modo de vida que, simplemente, se aleja del establecido? ¿O es, por el contrario, la respuesta, errónea y extraviada, a algún sufrimiento distinto? ¿Se trata de un aferrarse a una soga en llamas?
El chat donde me meto es público. Toda conversación queda cristalizada y al acceso de cualquiera de los náufragos digitales del mundo entero: no hace falta ni regristrarse para leer. Y, sin embargo, sin noción seguramente de cuántos “infiltrados” puede llegar a haber, con ese exhibicionismo inconsciente que muestran muchos jóvenes en las redes sociales sin calcular su alcance, ellas charlan de todo en él: desde conversaciones banales hasta asuntos hondos y privados. Es como infiltrarse sin filtros en una charla generada en lo más profundo y trágico de la adolescencia. 
Hablan de la depresión adolescente. Del odio hacia uno mismo, del arte de herirse a sí mismo… Tal amigo ya no me habla. Ayer estuve a punto de cortarme. Tú eres mi amiga, por eso te quiero. No me dejes. El día de mañana no se sabe si estaremos aquí… Etc. 
Hoy, una de las chicas habla, indignada hasta el tuétano, de su novio. <<Me ha dicho: si te pones gorda, no sé si podría seguir contigo>>. Veo que ese terror inmenso -y en ocasiones irrespetuoso- al sobrepeso es una simplificación de otros terrores mucho más grandes: el miedo a no gustar, a no ser aceptado... a la soledad. Un temor coherente pero exteriorizado de forma simplista, torcido por esta sociedad en la que prima el físico sobre el resto de las cosas. "Escucho" a todas esas posteadoras, compañeras de consejos y de camino, con nick por nombre y con logo por rostro, las que se animan entre ellas incondicionalmente, las que dibujaban a gritos lo hermosas que van a ser, las que se envían juramentos de lealtad… Se trata, éste, de un portal del desahogo en el que sumergirlo todo hasta la asfixia: los problemas con las amistades, las frustraciones con la báscula, la asimilación de la imperfección propia… el caos inmenso, en definitiva, del mundo adulto que hay fuera de la protectora ficción de Internet

No paro de sentirme intrigada acerca de este enigma: este vacío existencial que hace que nuestras mujeres se obsesionen con su apariencia hasta ese punto.
Esa presión social que se traduce en rechazo al "feo" o al "diferente", ¿es algo real… o es algo que nosotros mismos creamos? ¿No hay algo mejor a lo que aferrarse que la obsesión con el cuerpo? Me fijo en los temas de los que se hablan en el chat. Los más comunes: dietas, proyectos, sentimientos. Un día pasan una lista de fotos de chicas delgadas y debaten sobre cuál de ellas es más atractiva. Otro, hablan de los colores de piel, describen cada uno el suyo. Después, opinan sobre si es mejor hacer el amor con un flaco o un gordo. Charlan más adelante sobre qué frutas comer para “estar hermosa”. Alguna, en su perfil, se describe como una “fanática de las calorías”. Físico, apariencia, relaciones superficiales online... ¿no hay nada más?
Otra chica habla también de su pareja. Él ha llegado a decirle que “no puede ser que evite salir con chicas huecas que sólo se preocupen por el físico a leer un libro… y tú te estés convirtiendo en eso”. ¿No será que estas jóvenes no tienen más inquietudes que verse bonitas? ¿No tienen más aspiraciones, nada más que les motive? Qué sé yo, ¿el ecologismo?, ¿la vocación política?, ¿el cuidado de los mayores?, ¿una carrera musical?... Por ejemplo, mucha gente tiene el arte como "apoyadero" en los momentos bajos de su vida. Otros escogen un bastón algo más infiel, que es el del físico. Ahora, como una atormentada quinceañera buscadora de consuelo, me he adentrado rápidamente en un pequeño universo saturado de obsesiones y vacío, de amigas invisibles... y de sacrificios de adulta hacia un “logro superior”. 
Porque sí se habla mucho de la fuerza de voluntad y el gran autocontrol requeridos para “alcanzar la meta” (de la que siempre hablan en abstracto). Sí hay algo que les inspira, aunque sea algo inventado. “Ese es mi cuento de hadas”, dice una bloguera con letras rosadas para quien quiera leerla, “sólo espero poder convertirme en princesa algún día”. Ésa es la meta confeccionada con la que rellenan este vacío, esta falta de valores… la soga ardiendo a la que todos nos aferramos -ya sea, en el caos de la juventud, las drogas, el arte, las ideologías radicales... o el culto al cuerpo-. Todos necesitamos una meta, la que sea... para hacer posible esta tarea nuestra, a veces tan ardua, de caminar cada día por la vida.

Una meta que, a veces, es perseguida con ceguera, con un tesón obstinado y fatal. En una página personal, las chicas hablan conmovidas de una bloguera que, simplemente, fue demasiado lejos. Le encontraron un aneurisma, cuentan, y murió después de la operación. Una de sus compañeras, que la “conocía” (en este conocerse artificial que permite el mundo de Internet), escribe, emocionada: <<Siento mucho lo de la nena que murió… seguramente luchó hasta el final por su ideal. La gente con coraje llega al límite por sus metas. Es triste morir por tu ideal, pero en todo caso es admirable>>.
“Admirable”: he aquí la confusión juvenil, que hace admirar a los ideales férreos, independientemente que éstos estén orientados a luchar por la libertad de una nación, combatir la desigualdad, evitar las masacres… o, simplemente, verse más hermoso en un espejo. 

Drogas, arte, ideología radical... o culto al físico: todo joven suele aferrarse a algo para sortear el caos de la adolescencia

¿Cómo aliviar toda esta confusión? ¿Prohibiendo, en primer lugar, la difusión de estas ideas? El director de la asociación de prevención contra la anorexia IQUA, hablando de este tipo de blogs, opina que sí: cree que hay que frenar esta información tan nociva y hacer que las grandes plataformas que alojan estás página web y las redes sociales “se impliquen en la retirada inmediata de estos contenidos". Por medio de denuncias de usuarios han conseguido cerrar casi la mitad de las páginas… pero, ah, la red es una enciclopedia inabarcable. Y lo prohibido atrae a la juventud, ya se sabe.
A todas estas niñas que juegan a la adultez, que fueron maltratadas por unos compañeros de clase o por unos ídolos televisivos con idéntica saña, que sienten que ser hermosas es su misión en la vida porque sólo siendo hermosas valdrán algo, lo más mínimo, en este mundo adulto de reglas complicadísimas, me queda preguntarles cuál es el final. ¿Creéis que se llega alguna vez a ser una “princesa”?, escribo, intrigada. Una de ellas con su respuesta, casi sin quererlo, en un momento de sinceridad, me dibuja un nítido retrato de lo que debe de ser la caída sin soga: 
-Empiezo a pensar que no lo conseguiré nunca -confiesa-. Y, luego, me pregunto: ¿qué es lo que quiero conseguir?

Artículo e ilustración: Diana Moreno

No hay comentarios :

Publicar un comentario